El Documental Our Daily Bread (El pan nuestro de cada día) es uno de esos documentales que te introduce en profundas reflexiones cada vez que te sientas a comer.
Ya hemos comentado en este blog como los humanos son substituidos progresivamente por tecnología en muchos aspectos de nuestra vida. Sólo que todavía no sabíamos que en el campo de la alimentación las cosas hubieran llegado tan lejos.
Robots que capturan, manipulan, y procesan grandes cantidades de animales por minuto en ambientes asépticos y altamente productivos, trabajadores-cyborg que combinan sus manos con herramientas mecánicas especializadas. Invernaderos robotizados pero continuamente envenenados. Sistemas modernos de re(producción) sexual asistida. Todo cabe en un mundo donde cada segundo cuenta si de alimentar a 6.600 millones de humanos estamos hablando.

Uno de los brillantes aspectos a destacar del documental es la ausencia de banda sonora o dialogo alguno. A diferencia de otros documentales sobre alimentación como Earthlings, donde todas las imágenes están convenientemente aderezadas con música de Moby, en este caso los 90 minutos se hacen cortos al contemplar la deshumanización de todos los procesos. Sin necesidad de imágenes duras, ni de crueldad física, los sobresaltos son continuos al contemplar cada escena.
Aun así, son muchos los aspectos que no quedan claros debido a la ausencia de interlocutor, como que las personas sobre las cintas transportadoras de pollitos son en realidad sexadoras de pollos, que la función de las máquinas posteriores es cortar el pico del pollo ya que al vivir hacinados sin luz solar son propensos a mutilarse mutuamente debido al estrés que sufren. En una granja de pollos todos los pollos están locos. No importa que las vacas estén locas, solo importa si los humanos que las comen mueren.
También merece una explicación que las profundas minas que aparecen son en realidad minas de fosfatos para producir abonos. Las minas de fósforo son una actividad en declive. La extracción es cada vez menor debido al pico mundial del fósforo.
También se muestran fabricas robotizadas de frutas donde las manzanas son sumergidas en etileno para su exacta maduración justo antes de entrar en el supermercado. Sin contar los más de 20 tratamientos químicos que ha sufrido durante su producción.
Claro que toda esta tecnología no es gratis, nos la comemos todos los días en nuestros platos de comida: venenos químicos, disruptores endocrinos, hormonas de crecimiento y cáncer .
Los estudios de Richard Heinberg, autor del libro “The Party’s Over” recobran toda su crudeza al aseverar que por cada caloría alimenticia producida por el sistema actual necesitamos consumir diez. No extraña al contemplar estas fábricas de comida totalmente necesarias para alimentar a las grandes ciudades. De modo que en todo momento hablamos de alta-productividad no de eficiencia energética. La pregunta ahora es ¿Como vamos a producir tantos alimentos en una sociedad de baja-energía?

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Por último, una reseña mucho mejor que la mía en blogs & docs.
Para realizar este blog 









siempre tan apocalíptico… hay que trabajar ese optimismo eh Lot. Jeje.
Un abrazo
Left by Jorge Salazar on July 10th, 2008