
Os adjunto este fragmento del libro “Reconsiderando la vida buena” de Gary Gardner y Erik Assadourian, que nos aporta un enfoque sobre el que nunca había reflexionado de los tan famosos microcréditos que nos trajo Muhammad Yunus con su banco Grameen.
Una de las razones de éxito de los microcréditos se basa en la deslocalización del conocimiento, en usar el conocimiento allí donde se encuentre, variando los mecanismos de extracción y/o evaluación de ese conocimiento por parte de la corporación:
El papel que desempeña la cohesión social facilitando las transacciones económicas es especialmente evidente en iniciativas de microcrédito, como el Banco Grameen de Bangladesh, que proporciona pequeños préstamos a mujeres muy pobres que carecen de recursos que les sirvan de garantía para solicitar crédito a un banco comercial. Las mujeres que participan en este programa se organizan en grupos de cinco, y cada grupo solicita al banco préstamos, que muchas veces no llegan a 100 US$. Cuando se invita a una mujer a formar parte de un grupo, las demás saben que pueden contar con su formalidad, ya que conocen bien a sus vecinas. Este conocimiento –una información que a los bancos les cuesta dinero conseguir cuando preparan el expediente de una solicitud de crédito– es un ejemplo de cómo el capital social puede rebajar el coste de una operación financiera. Los lazos sociales son también una garantía para los créditos. Dado que las mujeres son corresponsables de la devolución del préstamo, y puesto que está en juego la posibilidad de las cinco de acceder a futuros créditos, cada una de las mujeres está sometida a una fuerte presión social para pagar la parte que le corresponde.
La rentabilidad económica de este tipo de lazos sociales ha hecho que el microcrédito funcione muy bien en muchos lugares del mundo. El Banco Grameen afirma que el 98% de sus préstamos de microcrédito son reembolsados, un resultado bastante mejor que el de una mayoría de bancos comerciales.
El mérito de Muhammad Yunus no fue apartar de la pobreza a cientos de personas, mérito loable donde los haya. Se le condecoró por hacerlo y además ser capaz de ganar dinero con ello.
Desde mi humilde opinión, se le debería haber entregado el Nóbel de economía y no el de la paz puesto que no se trata de una acción altruista, sino de una maniobra financiera.
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Pienso que el altruismo es contraproducente, en si mismo no tiene ningún sentido: las acciones deben ser inteligentes: obtener beneficio individual y social; y no caritativas o altruistas: obtener beneficio social y perjuicio individual.
Pero estoy de acuerdo en una cosa: el nobel, de economía.
Left by Janzo on August 29th, 2007