
Si conoces la historia de la política antidrogas norteamericana no podrás evitar soltar una carcajada al leer la nota de prensa de Washington:
Venezuela y Birmania fueron los únicos dos países que el gobierno de Estados Unidos consideró que “fracasaron” en su lucha contra el narcotráfico, y a Bolivia le concedieron una “mención especial”.
Parece más una declaración anti-otracosa que anti-droga, claro que también resultan anecdóticas, y por otro lado muy significativas, las declaraciones que Evo Morales realizó hace ya algunos meses donde argumentaba sobre lo difícil que era controlar el tráfico de cocaína cuando EE.UU. era el mayor consumidor del mundo y les invitaba a reducir su consumo.
No está de más recordar en este punto que uno de los motivos que argumentó la casa blanca en la invasión a Afganistán de 2001 fue acabar con la alarmante producción de Opio, ya que concentraba el 87% de los cultivos del mundo. Pero omitieron la información de que el gobierno Talibán ya prohibía tajantemente el cultivo de Amapola llegando incluso a a reducir significativamente su producción, algo bastante sensato por otra parte ya que la interpretación estricta del Corán prohíbe tajantemente el consumo de drogas.

Después de la intervención de EE.UU la producción de opio se multiplicó por 3, fruto de la llegada de grandes consumidores y traficantes de heroína a la región, en forma de soldados con armas y tanques.
Con el gobierno de facto de EE.UU. la producción ha llegado a limites insospechados, llegando a alcanzar el 52% del producto interior bruto de Afghanistán. En el informe del departamento de Naciones Unidas contra la droga y el delito concluyen que gracias al creciente aumento de producción del 2006 (un 59%) el narco-estado ha alcanzado cotas del 92% de oferta mundial, lo que equivaldría a un 30% más de consumo global de heroína.
No sólo ya no hay logros, sino que la situación se ha deteriorado año tras año desde 2001.
Antonio María Costa, jefe antidrogas de la ONU.
La lucha antidrogas estadounidense tiene muy poco que ver con las drogas en sí mismas. Se trata de una técnica para controlar a las poblaciones que se consideran peligrosas. Y no es una técnica nueva, siempre ha sido así. En la Inglaterra del siglo XIX, se declaró ilegal la ginebra, mientras que el whisky se mantenía dentro de la legalidad: la ginebra era la bebida de los pobres y el whisky lo era de los ricos.
Del mismo modo ocurre hoy. La cocaína y el crack en EEUU están integradas en el sistema carcelario corporativo que sigue la doctina neoliberal del beneficio máximo. En un sistema carcelario solo se puede aumentar el beneficio de dos formas:
- Disminuyendo el gasto por preso.
- Aumentando el número de presos.
Ambos principios son aplicados allí, a pesar de que baja el crimen sube la población carcelaria, principalmente entre negros e hispanos, ya que éstos reciben penas más severas que las que se imponen a los blancos por los mismos delitos: los delitos que involucran la cocaína “crack” se castigan con una severidad mucho mayor que los delitos relacionados con el polvo de cocaína, la droga de las elites.
Nada ha cambiado, el gran negocio de la esclavitud continua.
Para realizar este blog 








