
A raíz de las recientes declaraciones de Linus Torvalds acerca de Visual Basic, escribo este post que hacía meses tenía en el tintero.
Soy Informático, o al menos así me llaman.
Hasta ahí bien.
A veces, como todo informático, he tenido que luchar contra/con determinado software, que cuyo nombre curiosamente siempre empieza con “Win”, prefijo usado por el departamento de marketing para intentar inútilmente que la gente asocie dicho programa con ese sistema operativo en particular, incluso hay veces que se alza heroico y se le añade el sufijo de “plus”, como la parrilla de software incansable para pymes que lleva saliendo al mercado año tras año en nuestro país.
Basta trabajar unos minutos con este tipo de software para darse cuenta de lo horrendo que puede llegar a ser, procedimientos harto sencillos se vuelven complicados, hasta hay programas que sin usar el entorno gráfico y bajo linea de comandos saben hacerlo mejor.
Menús infinitos, clasificación absurda de los mismos, cuelgues constantes, cambios constantes entre teclado y ratón, patrones de comportamiento absurdos que tienes que seguir para decirle al programa lo que quieres decirle.
Es entonces cuando recuerdas aquella frase que alguien dijo una vez: “la tecnología debería ser invisible”, tiras la toalla irritado con los ingenieros que diseñaron el producto y la persona que estaba detrás te mira asombrada y responde: “Ah, ¿Pero tu no eras informático?”
La tecnología actual se encuentra en un camino sin retorno hacia lo complejo, y las cosas no tienen por que ser así. Hoy son pocas las empresas que hacen incapié eficazmente en el diseño. Destruimos bosques y puertos para adaptarlos al hombre, pero nos olvidamos que es la tecnología también la que se tiene que adaptar al hombre y no al revés.
Alan Cooper, fue la persona que añadió (y vendió) el “Visual” transformando el “Basic” en básico en el Visual Basic, el entorno de programación con el que posteriormente Microsoft ganaría millones de dólares.
Alan es un defensor a ultranza del usuario, y responsable de recordarnos a todos que “Diseño” es una palabra muy grande.
Así lo explica en la introducción de su libro “Presos de la Tecnología“, (cuyo título original es “The inmates are running the asylum“, mucho más descriptivo):
Adivinanzas de la era de la Información:
¿Qué resulta cuando se cruza una computadora con un barco de guerra?
En septiembre de 1997, mientras realizaba maniobras de flota en el Atlántico, el navío estadounidense Yorktown, uno de los nuevos cruceros Aegis de misiles dirigidos de la Armada se detuvo por completo en el agua. Un técnico de la Armada, al calibrar una válvula de combustible a bordo, introdujo un cero en una de las computadoras de administración del barco, una Pentium PRO con Windows NT. El programa intentaba dividir otro número entre ese cero, lo cual es una operación matemática indefinida, y esto provocó una caída total del sistema de control del barco. Sin las computadoras, el motor se detuvo y el barco se quedó meciéndose en las olas durante dos horas y cuarenta y cinco minutos hasta que el barco fue remolcado a puerto. Qué bueno que no estaba en una zona de guerra.
¿Que resulta si se cruza una computadora con un barco de guerra? ¡El almirante Nimitz se revuelca en su tumba! A pesar de este retraso, la Armada está decidida a computerizar todos sus barcos por los ahorros de costos humanos que ello implica, y para acallar las críticas de su plan, ha responsabilizado del “incidente” al error humano. Como el proceso de creación de software está fuera de control, la industria de alta tecnología debe reaccionar o seguirá responsabilizando a usuarios comunes cuando las máquinas cada vez más grandes se queden detenidas en el agua.
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