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Creo que pasamos demasiado tiempo buscando respuestas a preguntas que no tienen solución. Nos clavan las respuestas en la cara y apenas si nos percatamos. No hay que confundir las coincidencias con el destino dicen algunos, pero la locura esta siempre a ras nuestra.

Todavía recuerdo cuando me despedí de Juan en la isla de Flores, al norte de la provincia de Quiché en Guatemala, todos le dejamos sólo, rodeado de una soledad que no se va con palabras, por mucho que un pájaro verde repitiese su nombre sin cesar, el mundo y nuestras vidas habían cambiado con él.

Los lingüistas mienten cuando dicen que cada palabra tiene un significado distinto. Eso no son más que mentiras para que los niños puedan entender el mundo. Cuando te despides de una persona muy especial que sabes que nunca volverás a ver no es “Adiós” lo que te sale de entre los labios, es algo que se ha roto, te sale de dentro y sabes que nunca más volverás a tener. Es como oír los crujidos de las raíces al quebrarse el último árbol que queda sobre la faz de la tierra. Solo entonces es cuando te das cuenta que el lenguaje humano es pobre, tus sentimientos han sobrepasado la capacidad del lenguaje y ya nunca más podrás pertenecer a este mundo.

Juan era traficante, pero a diferencia de los traficantes de drogas, de joyas, o de sueños, él presumía de no haber nunca empuñado un fusil, porque su lenguaje no es la violencia. Juan traficaba con maiz y arroz para poder alimentar a los indígenas de las Comunidades de Población en Resistencia, que eran perseguidos por un ejercito formado por personas de su mismo pueblo.

Cargaba semana tras semana con decenas de kilos a su espalda, y sin mirar a atrás, enfilaba senderos que se perdían en la selva para poder llegar a las bocas de aquellos que el poder no quería alimentar, aquellos que la ignorancia burocrática tachaba de indeseables, y cerca estuvo de no poder contárnoslo, puesto que no fueron ni una ni dos las veces que las fugazes balas militares sonaron a medio metro de él, pero seguía corriendo, porque Juan no mira nunca a atrás.

En el mundo digital ha aparecido en varios documentales, entre ellos el de Guatemala: La Tierra Arrasada de José Gaya. (Por cierto, elink aquí.)

Juan Gaspar, en el documental Guatemala La tierra Arrasada

Ahora, algunos años más tarde, y con serios problemas en la espalda debido a tantas carreras de supervivencia, podemos encontrarlo en una de las pocas Comunidades de Población en Resistencia que quedan, en Primavera del Ixcán, que fue allí donde yo lo encontré.

Juan

Saludos Juan, estés donde estés.

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