Palabras de Marsella
A veces uno se pregunta porqué le exigen saber inglés para trabajar en un maldito videoclub, pero no le exigen conocer árabe para trabajar en una estación de autobuses repleta de inmigrantes argelinos. El placer existe, pero el dolor también y los eufemismos hoy por hoy, están a la orden del día.
El colmo del absurdo es preguntarte a ti mismo, por qué razón te preguntas tantas cosas. La felicidad disfrazada de un papá Noel borracho, como diría una gran amiga mía. ¿Acaso no somos todos iguales? Entonces ¿Porqué miro a los demás y siento miedo? Que pasaría si leyesen mi blog centenares de personas más al día, ¿Sería más feliz solo por leer una cifra en la pantalla que aumenta sin cesar? ¿Cambiaría algo? ¿Que sentido tiene escribir si los que leen escriben las mismas cosas que yo? ¿Acaso estamos generando opinión? Todos seguimos jugando al mismo juego, nuestras ideas y comunidades sociales están cada vez más alejadas. A veces hasta me sorprende que todavía nos entendamos al hablar los unos con los otros.
Nos regocijamos con lo que nos gusta, y huimos de lo extraño, tememos lo extraño, odiamos lo extraño.
Si se sienta un vagabundo a nuestro lado huimos despavoridos siguiendo la luz de la fé ciega que nos dice que no podemos aprender nada de él. Es un ser que no pertenece a nuestra sociedad ni a nuestro modo de entender el mundo, merece ser ignorado. Hasta las calles más pequeñas son lo suficientemente anchas como para aprender algo en ellas.
Si el mundo sigue así, seguirán apareciendo ideas tan absurdas como el diseño inteligente estadounidense, que olvida cientos de años de evolución intelectual humana, solo para sentirse el centro del mundo. ¿No habíamos quedado que era la Tierra quien daba vueltas alrededor del Sol?
Todos los hombres nacen iguales, pero esa es la última vez que lo son. Hay que habitar la frontera y mezclar el conocimiento, solo así un médico y un piloto pueden llegar a concebir una idea tan simple como usar las microondas para romper las piedras del riñón. Y todos tenemos riñón, a pesar de que a un vagabundo alcohólico no le quede mucho.
Kurt Cobain amaba su música, pero acabó odiando a los que también la amaban y se pegó un tiro, o al menos así disfrazaron su asesinato los medios de comunicación. Las grandes comunidades de personas no desarrollan inteligencia, sino fanatismo. Fanatismo y religión, que siempre van cogidas de la mano.
¿Tanto cuesta dejar de dibujar a Mahoma? ¿Tan cínicos nos hemos vuelto? Cuando está en las manos de una persona el no hacer daño a otra y lo hace conscientemente le llamamos cruel. ¿Tanto cuesta comprender a otras culturas? Hasta la primera ley de la robótica contempla dichos actos.
Y si alguien quiere dibujarlo… ¿Hace falta amenazar con una bomba? ¿Acaso una comunidad religiosa tiene que recurrir a la violencia para ser escuchada? Parece que expresar tu opinión de forma pacífica y aparecer en los medios de comunicación occidentales son cosas contradictorias.
¿Dónde está la justicia? ¿Dónde está la policía? En el pequeño pueblo costero donde nacieron mis padres, los ladrones se rifan las casas donde robar, y los cristales que romper.Una vez más el maldito gobierno juega con los datos diciendo que los robos “en términos generales” descienden, maravillosa excusa para no invertir en seguridad ciudadana y embolsarse unos euros. El circo llega a tu periódico. Los dueños de las propiedades no pueden hacer otra cosa que mirar el reloj y preguntarse ¿Me tocará hoy a mí? ¿Es esto el fin de la propiedad privada? ¿El no poder poseer algo por la simple incapacidad de guardarlo? Entraron en casa de mis padres la semana pasada, y la policía actuaba como fantasma inexistente. En cambio yo no puedo salir con una simple camiseta robada de un puto centro comercial sin tener a un guardia de seguridad pisándome los talones. ¿Dónde está la equidad? Suerte que la ingeniería social existe y los que la conocen saben de que hablo.
Pero lo peor de todo no es nada de esto, lo peor de todo es que yo siga aporreando este teclado inútil made in corea solo por que el mundo se niegue a escucharme.
Para realizar este blog 









hola Lot, creo que te sientes solo e incomprendido. Supongo que no te servirá de nada lo que te diga pero me gustaria contarte un cuento:
La Ciudad de los Pozos
Del libro: Cuentos para pensar de Jorge Bucay
Esa ciudad no estaba habitada por personas, como todas las demás ciudades del planeta. Esa ciudad estaba habitada por pozos. Pozos vivientes, pero pozos al fin. Los pozos se diferenciaban entre si, no sólo por el lugar en el que estaban excavados, sino también por el brocal (la abertura que los conectaba con el exterior)
Había pozos pudientes y ostentosos con brocales de mármol y de metales preciosos; pozos humildes de ladrillo y madera y algunos otros más pobres, simples agujetitos pelados y que se abrían en la tierra.
La comunicación entre los habitantes de la ciudad era de brocal a brocal y las noticias cundían rápidamente de punta a punta del poblado.
Un día llegó a la ciudad una “moda” que seguramente había nacido en algún pueblito humano.La nueva idea señalaba que cualquier serviviente que se preciara de serlo debería cuidar mucho más lo interior que lo exterior. Lo importante no era lo superficial sino el contenido.
Así fue como los pozos empezaron a llenarse de cosas. Algunos se llenaban de joyas, monedas de oro y piedras preciosas. Otros, más prácticos se llenaron de electrodomésticos y aparatos mecánicos.
Algunos más optaron por el arte, y fueron llenandose de pinturas, pianos de cola y sofisticadas esculturas posmodernas. Finalmente los intelectuales se llenaron de libros, de manifiestos ideológicos y de revistas especializadas.
Pasó el tiempo…..
La mayoría de los pozos se llenaron a tal punto que ya no pudieron incorporar nada más. Los pozos no eran todos iguales, así que, si bien algunos se conformaron, hubo otros que pensaron que deberían hacer algo para poder seguir metiendo cosas en su interior.
Alguno de ellos fue el primero: en lugar de apartar el contenido se le ocurrió aumentar su capacidad de ensancharse. No pasó mucho tiempo antes de que la idea fuera imitada, todos los pozos gastaban gran parte de su energía para poder ensancharse para poder hacer más espacio en su interior.
Un pozo pequeño y alejado del centro de la ciudad, empezó a ver a sus camaradas ensanchándose desmedidamente, el pensó que si seguían hinchándose de tal manera se confundirían los bordes y cada uno perdería su identidad.
Quizá a partir de esta idea se le ocurrió que otra manera de aumentar su capacidad era crecer, pero no a lo ancho, sino hacia lo profundo. Hacerse más hondo en lugar de más ancho. Pronto se dio cuenta de que todo lo que tenía dentro de él, le imosibilitaba la tarea de profundizar, Si quería ser más profundo debía vaciarse de todo contenido…
Al principio tuvo miedo al vacío, pero luego, cuando no había otra posibilidad lo hizo. Vacío de posesiones, el pozo empezó a volverse
profundo, mientras los demás se apoderaban de las cosas de las que él se había desecho…
Un día, sorpresivamente, el pozo que crecía hacia adentro, tuvo una gran sorpresa: ¡adentro, muy adentro, y muy en el fondo encontró agua.!
Nunca antes otro pozo había encontrado agua…
El pozo superó la sorpresa y empezó a jugar con el agua del fondo, humedeciendo las paredes, salpicando los bordes y, por último, sacando agua.
La ciudad nunca había sido regada más que por la lluvia, que de hecho era bastante escasa, así que la tierra alrededor del pozo, revitalizada por el agua, empezó a despertar.
Las semillas de sus entrañas brotaron en pasto, en tréboles, en flores, y en tronquitos endebles que se volvieron árboles después…
La vida explotó en colores alrededor del alejado pozo al que empezaron a llamar “El Vergel”. Todos le preguntaron como había conseguido el milagro. Ningún milagro -contestaba el Vergel-, hay que buscar al interior, hacia lo profundo…
Muchos quisieron seguir el ejemplo del Vergel, pero desandaron la idea cuando se dieron cuenta de que para ir más profundo debían vaciarse. Siguieron ensanchandose cada vez más para seguir llenándose de más y más cosas…
En la otra punta de la ciudad otro pozo decidió también correr el riesgo del vacío…
Y también empezó a profundizar. Y también llegó al agua…
Y también salpicó hacia afuera creando un segundo oasis verde en el pueblo…
-¿Qué harás cuando se termine el agua? -le preguntaban.
- No sé lo que pasará -contestaba. Peroo, por ahora, cuanto más agua saco, más agua hay.
Pasaron unos cuantos meses más antes del descubrimiento.
Un día, casi por casualidad, los dos pozos se dieron cuenta de que el agua que habían encontrado en el fondo de sí mismos era la misma…
Que el mismo río subterráneo que pasaba por uno inundaba la profundidad del otro.
Se dieron cuenta de que habría para ellos una nueva vida.
No sólo podían comunicarse, de brocal a brocal, superficialmente, como todos los demás, sino que la búsqueda les había deparado un nuevo y secreto punto de contacto:
La comunicación profunda que sólo consiguen entre sí aquellos que tienen el valor de vaciarse de contenidos y buscar en lo profundo de su ser lo que tienen para dar.
FIN
Como dice el cuento, la comunicación solo es posible desde el corazón, todo lo demás es un mero intercambio de datos, de posesiones al fin y al cabo, y no cambia nada. Encuentra tu agua y entonces podrás compartirte con los demás. si fueramos capaces de cambiarnos a nosotros y nuestro entorno más cercano ya estariamos haciendo mucho y además no nos sentiriamos tan solos.
Suerte.
Left by ariadna on February 2nd, 2006